La Roja empató ante Turquía y alcanzó los 31 encuentros seguidos sin conocer la derrota.
La Roja rescató un 2-2 ante Turquía en una noche de resistencia y convicción para alcanzar los 31 partidos consecutivos sin perder, una marca que confirma la madurez competitiva del equipo de Luis de la Fuente.
Hay empates que saben a poco y otros que terminan teniendo valor de victoria. El de España ante Turquía pertenece a la segunda categoría. No porque el marcador reflejara superioridad absoluta, sino porque llegó acompañado de dos noticias que explican el momento que atraviesa La Roja: la clasificación matemática al Mundial 2026 y la igualdad de una marca histórica de 31 partidos consecutivos sin conocer la derrota.
Turquía evitó la celebración perfecta, pero no pudo alterar el rumbo de una selección que lleva más de un año construyendo una identidad reconocible. España no encontró la victoria que buscaba, aunque sí confirmó algo más importante: la sensación de estabilidad competitiva que la ha convertido en una de las selecciones más fiables del panorama internacional.
Un dominio territorial que parecía conducir a la victoria
Luis de la Fuente volvió a apostar por una estructura reconocible. España monopolizó la posesión desde el inicio, instaló a Turquía cerca de su propia área y convirtió gran parte del encuentro en un ejercicio de presión y circulación constante.
Los números reflejan con claridad el desarrollo del partido. La Roja acumuló 766 pases frente a los 282 de Turquía y registró 276 acciones en el último tercio por apenas 78 de los visitantes.
La sensación era la de un partido controlado. España gobernaba el balón, los espacios y el ritmo. Sin embargo, el marcador se resistía a reflejar esa superioridad.
Turquía golpeó donde España menos lo esperaba
El conjunto de Vincenzo Montella entendió desde el principio que debía sobrevivir sin balón y aprovechar cada transición. Su plan encontró premio cuando Deniz Gül apareció para empatar a los visitantes en una de las pocas llegadas turcas de la primera mitad.
España respondió con personalidad. No se aceleró ni modificó su propuesta. Continuó moviendo el balón con paciencia hasta encontrar espacios entre líneas.
Oyarzabal lidera otra noche importante de La Roja
La segunda parte mantuvo el mismo guion. España acumulaba posesiones largas mientras Turquía buscaba sobrevivir y castigar cualquier error.
Y lo consiguió.
Salih Özcan logró adelantar al conjunto otomano en una acción que castigó una transición defensiva mal gestionada por España. El partido se convertía entonces en una prueba de carácter para una selección acostumbrada a responder en escenarios complejos.
Fue entonces cuando apareció Mikel Oyarzabal.
El delantero de la Real Sociedad volvió a ejercer como referencia competitiva de esta generación. Marcó el 2-2 definitivo, lideró la presión ofensiva y participó constantemente en la construcción de las jugadas más peligrosas.
Su influencia fue mucho más allá del gol. Interpretó cuándo acelerar, cuándo asociarse y cuándo asumir responsabilidades. En una noche cargada de simbolismo, volvió a demostrar por qué es uno de los futbolistas más importantes para Luis de la Fuente.
Una clasificación que deja también algunas lecciones
España terminó el encuentro empujando en busca de la victoria. Los nueve remates a portería y el volumen ofensivo generado reflejan una actuación notable en campo rival.
Sin embargo, el empate también deja aspectos a corregir.
La selección volvió a mostrar cierta vulnerabilidad en las transiciones defensivas y permitió demasiado castigo para el control que ejerció durante buena parte del encuentro. Turquía generó poco, pero transformó cada oportunidad en una amenaza real.
Es un detalle menor dentro del contexto general, aunque relevante pensando en los desafíos que aparecerán en el Mundial.
Treinta y un partidos sin perder y una identidad cada vez más sólida
La clasificación al Mundial 2026 era el objetivo inmediato. El récord de 31 partidos consecutivos sin derrota, el premio añadido.
Ambos logros explican el crecimiento de una selección que ha dejado de depender exclusivamente del talento individual para sostenerse desde el funcionamiento colectivo. España domina los partidos desde la posesión, interpreta mejor los espacios y compite con una madurez que hace apenas unos años parecía lejana.
Turquía frenó la victoria, pero no pudo impedir que La Roja siguiera avanzando.
Porque las grandes selecciones no se definen únicamente por las noches que ganan. También por aquellas en las que, incluso sin vencer, siguen construyendo historia.